RUTINA

Era un día normal, aburrido, complejo, algo estresante. Cuando llegué a casa y nos saludamos como siempre, con el mismo beso de cada noche, saludo un tanto rutinario, comprobé en tus ojos que también habías tenido un día… de esos.

Mientras preparábamos la cena, charlamos como cada día de cosas un tanto intrascendentes; banalidades algo monótonas e invariabilidades en nuestra acostumbrada rutina nocturna.

A veces, mientras aparento escucharte, me escondo en mis pensamientos, en el preconsciente que esconde recuerdos y deseos en un cajón a mano y que en ocasiones, acude en mi rescate o eso es lo que yo pensaba.

Mi imaginación proyectó una escena habitual; cena, charla, sofá, tal vez una serie y cerramos otra página del diario de nuestras vidas. Pero ayer, una de esas incorrecciones que la casualidad pone en nuestro camino, provocó un afortunado efecto mariposa. Un roce fortuito de tu cuerpo con el mío, un inesperado fulgor en esa mirada tuya que creí haber olvidado; sensual deseo familiar y desborde de pasión. Juego de sentimiento y anhelo atávico, cuerpo sobre la piel del otro, calor y frío, fervor insolente, la humedad de tu sexo contra el mío… placer inesperado y hermoso.

Ayer, no fue otro día cualquiera. Ayer comprendí que no es el placer, se trata de con quien, de ti, de nosotros.

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